Apéndices en "HISTORIA NATURAL DE LOS CUENTOS DE MIEDO"



LA LITERATURA TERRORÍFICA DESDE 1974



1. EN EL MUNDO ANGLOSAJÓN



Abierto hace décadas, el proceso de evolución de la ficción terrorífica a modos y formas cada vez más insospechados parece ya imparable en los distintos medios: literatura, cine, cómic, televisión y videojuegos. Lo evidencian fenómenos como la atomización del terror dentro de los géneros pujantes del thriller, la ciencia-ficción y la fantasía heroica, el auge de la ultraviolencia y el gore, y en especial la trivialización de contenidos y del propio género, que alcanza a veces la autoparodia y hasta lo directamente esperpéntico en determinados subproductos televisivos. Esta acusada permeabilidad o impregnación entre géneros próximos permite su fusión dentro de una misma obra (un buen ejemplo: El silencio de los corderos, que mezcla la intriga criminal con lo truculento y el terror), y los medios tampoco se manifiestan estancos ya que, por ejemplo, la literatura muchas veces imita al cine –o se diseña enfocada al mismo–, y éste a su vez se sirve de técnicas y estilos más propios de la televisión y aun de la publicidad.
Ya el gran historiador Arnold Hauser otorgó el título de “Bajo el signo del cine” a la última sección de su obra magna (Historia social de la literatura y el arte), y al hacerlo diríase que no tenía en mente sino el terror literario. Pese al  reproche por él lanzado al séptimo arte de disciplina de alma pequeñoburguesa, prefabricada, dirigida a y digerida por las masas, Hauser lo reconoce como el medio más influyente y característico del siglo XX. En el panorama anglosajón, una vez desaparecido H. P. Lovecraft (1937), las grandes revistas norteamericanas de la modalidad, como Weird Tales y Unknown, junto con los éxitos cinematográficos del momento (desde King Kong y Drácula, hasta El increíble hombre menguante y La maldición de Frankenstein), sirvieron durante mucho tiempo para promover el terror como la literatura popular por excelencia, una literatura cada vez más embebida de ciencia-ficción, y el caso es que dicha situación se ha prolongado sin grandes cambios hasta el presente.
Muy bien personificado en escritores modernos tan cinematográficos como Stephen King o Clive Barker, el vínculo tan estrecho que viene registrándose entre la literatura y el mundo del celuloide ha merecido muchos comentarios y estudios desde hace años.


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2. EN ESPAÑA


En cuanto a la situación general, poco que añadir a lo expresado por Rafael Llopis en anteriores capítulos. El terror español, como el hispanoamericano, ha sido tradicionalmente un ‘producto de importación’ que vivía anclado entre le fantastique francés y el abrumador legado anglosajón. Continúa vigente además una cierta confusión terminológica, que viene de antiguo, entre literatura de terror y fantástica, circunstancia léxica que resultaría accesoria de no ser porque, en el terreno editorial, como consecuencia de esa indefinición y de la falta de incentivos a la creación, sólo en los últimos años puede hablarse de un impulso claro y decidido.


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3. EN HISPANOAMÉRICA


La literatura fantástica en la América de habla española sigue en continuo auge, aunque no así, como hemos visto, siguiendo a Rafael Llopis (quien menciona a su vez al cubano Rogelio Llopis), la ficción terrorífica genuina. Si bien, de un tiempo a esta parte, algo igualmente se ve moverse en aquellos lares, en Hispanoamérica se registra la misma falta de tradición que en España y parecidos sesgos, prejuicios y carencias. En las décadas más recientes, se ha añadido a todo ello un factor fundamental, como es el desarrollo en el continente del ‘realismo mágico’, una variedad autóctona y sui géneris de la literatura fantástica que ha transformado radicalmente, desde mediados del pasado siglo, el panorama literario general en español. Esta corriente, mezcla de lo real y lo maravilloso, incorpora técnicas de vanguardia como la ruptura temporal, estructural y estilística, lo que se une al indigenismo salpicado de elementos mágicos y sobrenaturales, y a veces un acusado sensualismo. Estrictamente, sin embargo, no debe confundirse con la literatura fantástica, según advierte el crítico mejicano Luis Leal, para quien el propio Julio Cortázar escribía literatura fantástica, pero no realismo mágico.



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EL TERROR EN OTROS MEDIOS



1. EN EL CINE

 
Como veíamos al principio, el cine de terror de habla inglesa ha experimentado un desarrollo muy notable en los últimos cuarenta años. En los setenta, década que vio la explosión de la industria de los efectos especiales en películas como La guerra de las galaxias  –muchos de cuyos recursos fueron pronto aplicados al género de nuestro interés–, proliferaron dentro de esta categoría los filmes de posesión demoníaca o tema satánico, que trataron de sumarse al éxito de La semilla del diablo (1968), de Roman Polanski. En 1973 se estrenó una obra maestra: El exorcista, dirigida por William Friedkin, basada en el superventas del mismo título a cargo de William Peter Blatty. Aunque brutalmente efectista –así lo dictamina siempre la crítica–, se trata de una producción redonda en todos los sentidos, calificada por muchos como la película más horripilante de la historia del cine; únicamente recibió dos oscars, uno muy merecido a los efectos de sonido y otro al mejor guión adaptado, que recogió el autor de la novela original. Esta película tuvo varias secuelas y precuelas, de las cuales sólo ha sido medianamente valorada El hereje (1977), protagonizada también por la proverbial ‘niña de El exorcista’ (la actriz Linda Blair) y por Richard Burton.



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2. EN LA MÚSICA


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3. EN EL CÓMIC


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4. EN LOS JUEGOS


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5. EN INTERNET


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(Fragmentos de los apéndices de actualización a mi cargo en: Llopis, Rafael: Historia natural de los cuentos de miedo. Ediciones Fuentetaja - Madrid, 2013. ISBN 978-84-95079-38-1, pp. 315-380
Ediciones Fuentetaja)